Cuando llegué al refugio estaba lleno de heridas, pero la más grande fue la de mi corazón. Me abandonaron junto a mis amigos, Tiri, Churro y Bizcocha, y tenía mucho miedo. En CIMPA, estoy aprendiendo a volver a confiar en las personas, pero me encantaría que alguien me ayudara en conseguirlo, preferiblemente en una casa con mucho amor y paciencia, porque tengo el corazón gigante y quiero demostrarlo.