Soy Rumba, llevo mucho tiempo en la protectora. Cuando llegué, tenía heridas que me curaron y pude estar a salvo aquí. Desde entonces nadie se ha fijado en mí a pesar de que soy todo mimos. Mi día aquí es esperar esa caricia, esa atención, ese mimo, que tanto necesito y echo en falta. Los inviernos se hacen duros para mí, tengo la piel muy fina. ¡Te prometo cada día mi fidelidad y amor! ¿Me llevas contigo?